Frases de Aroha Díaz

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Frases de Aroha Díaz
Quién no haya sentido alguna vez el mundo abrirse bajo sus pies al ver a la persona amada partir, no ha amado de verdad.
Aún queriéndote, te quiero lejos. Qué sensación tan amarga e irónica al mismo tiempo.
Lo peor de nuestra historia fue haberme dado cuenta de que realmente nunca hubo tal cosa.
Si no has sentido el vértigo de los celos quizás no hayas estado enamorado.
En la batalla por ver quién tiene la razón en esta estúpida conversación que sólo nos hace daño, dime quien crees que será el vencedor.
Pocas cosas duelen tanto como darte cuenta que amaste un espejismo, pero también pocas cosas te pueden hacer más fuerte.
Amar hace que casi cualquier cosa que nos parezca imposible pueda hacerse realidad.
Al ingenuo se le puede engañar dos veces. Al que ama, sólo una.
Dicen que el primer amor no se olvida, y es cierto, pero pasa a un segundo plano cuando conoces a la persona correcta años después.
Lo más triste fue mirarte a los ojos y no reconocer nada de mí en ti.
Lo más triste del amor es renunciar a él por temor a volver a equivocarse. El amor es para valientes.
Y entonces miré a mi alrededor buscando tu mirada y hallé en ella un halo tan frío que congeló mi corazón y me hizo morir dos veces de pura tristeza.
Quien no recuerda el sabor del primer beso, no se lo dio a su primer amor.
Cuidado con a quien amas, puesto que hay quien ve en el amor la debilidad perfecta para conseguir unos objetivos mucho más mezquinos.
Si el amor eterno existe, nunca lo sabremos. ¿Quién puede morir de amor y volver a nacer para contarlo?.
No llores si te detienes a pensar y te das cuenta que me echas de menos. Ninguna de tus lágrimas me hará volver a ver algo que amar en ti.
Imposible es un adjetivo que no entra en el diccionario del amor.
Realmente no me duele que no hayas correspondido mi amor, sino preguntarme qué fue lo que vi en ti.
Quien cree que la amistad puede darse después del amor, está claro que fue la parte que quedó menos rota tras la despedida.
Ahora entiendo esto del amor: de pronto el mundo se detiene para enseñarte durante algunos segundos como tus piezas encajan por completo con las de otra persona.