Frases de despedida

Ordenar por:
Frases de despedida
Aún guardo aquella nota en la que te despedías y me decías que volverías.
Que lástima tener que decirte adiós cuando apenas te he disfrutado. Que tengas que marcharte al cielo dejando mi mundo destrozado.
Cuando decimos adiós algo se pierde en esa despedida, quizás sea la esperanza que algún día tuvimos en el futuro, quizás sean los sentimientos que nunca llegamos a gastar.
Si me das elegir prefiero que te vayas sin decirme adiós porque si he de tenerte en frente careceré del valor suficiente para finalmente dejarte marchar.
No puede haber nada más triste que una despedida no deseada.
Para decir adiós a quien se ama, no es suficiente el vaivén de las manos y los besos que inundan como lágrimas las estaciones. Es necesario dejar marchar con ese amor al propio cuerpo.
Hay despedidas que se quedan guardadas para siempre en el almacén de los recuerdos dolorosos.
Quisiera escribirte unas letras de amor y despedida. Sin embargo, no encuentro palabras que expresen mejor cómo me siento que este folio en blanco.
El adiós se me clavó en el costado como un aguijón de tristeza. Desde entonces, ya no cuento las horas por minutos, sino por la distancia que nos separa.
No juegues con decirme adiós pues es posible que cuando hayas entendido lo que implica quien se despida sea yo.
No te despidas de mí aun, no lo hagas. Lejos, donde quiera que vayas, mi alma seguirá junto a ti.
Mientras te alejabas, te volviste media luna para decirme adiós. Pero yo ya no observaba tu cuerpo, ni el vaivén de tu mano. Observaba la interrogación del adverbio de tiempo que nos separaría.
Te vi irte y la huella de tus pasos permanecía clavada en la arena...guardé cada uno de los granos de esa fina arena, capaz de retener tu esencia.
Pasé noches enteras llorándole a la enorme impotencia que me dejaban tus rechazos. Ahora tú le lloras a mi frialdad y es cuando entiendes que cada acción tiene una consecuencia.
Decirte adiós fue lo peor que he hecho en mi vida: después de ti solo ha quedado desolación y desesperanza.
De todos los momentos duros que he pasado en mi vida podría decir que el peor de todos fue aquel en el que tuve que decirte adiós.
Odio decir adiós, odio quedarme en el andén y ver como te vas, odio saber que no hay remedio a esta distancia...solo me consuela el halo que deja la estela de tu mirada...
Cuál ola gigante fue tú amor, nació de la nada y arrasó con todo lo que tenía. No debo de fiarme nunca del mar en calma.
Se dice que el olvido está lleno de memoria porque no hay momento en el que se recuerde más que cuando uno se siente abandonado.
Ahora que soy incapaz de regalarte si quiera una palabra de aliento es cuando entiendo todo el proceso que me llevó hasta aquí. El amor también se pudre como la fruta fresca.