Frases de Hermann Hesse

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Frases de Hermann Hesse
La felicidad es amor, no otra cosa. El que sabe amar es feliz.
Con el amor pasa lo mismo que con el arte: entre quien ama un poquito lo más grande y quien arde de amor ante lo más pequeño, es más pobre e inferior el primero.
El amor no debe rogar, ni tampoco exigir. El amor tiene que tener la fuerza suficiente para llegar por sí mismo a la certeza. Entonces ya no es arrastrado, sino que arrastra.
Si podemos hacer a alguien más alegre y feliz, deberíamos hacerlo en cualquier caso.
La mayoría de las cosas, aunque se pretende que es por otros motivos, se hacen por las mujeres.
Es algo manifiesto que amar y conocer es casi uno, que a la persona a la que más se quiere es a la que mejor se conoce.
La fantasía y la intuición no son más que formas del amor.
Puede que sea cosa de grandes pensadores observar el mundo y despreciarlo. Pero a mi lo único que me interesa es poder amar el mundo, poder observarlo a él, a mí y a todos los seres con amor, admiración y respeto.
El había amado y se había encontrado a sí mismo. La mayoría, en cambio, aman para así perderse.
No es una suerte ser amado. Toda persona se ama a sí misma; en cambio amar, eso sí que es suerte.
El amor no debe rogar, ni tampoco exigir. El amor tiene que tener la fuerza suficiente para llegar por sí mismo a la certeza. Entonces ya no es arrastrado, sino que arrastra.
La vida sólo adquiere sentido por el amor. Es decir: cuanto más amor y capacidad de entrega poseamos, tanto más sentido tendrá nuestra vida.
Todas las cosas del mundo se pueden imitar y falsificar, menos el amor: el amor no se puede robar, ni imitar, vive sólo en el corazón que sabe entregarse totalmente. Esta es la fuente de todo arte.
Todo aquello en lo que ponemos amor es algo que supravaloramos y por eso de vez en cuando exige también contradicción y crítica, porque vivo y valioso sólo lo es el amor, no el objeto en el que lo colocamos.
Es imposible el amor al prójimo sin amarse a uno mismo. El odio a uno mismo es exactamente igual que el egoísmo desaforado y al final produce el mismo aislamiento espantoso y la misma desesperación.
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