Frases de Friedrich Nietzsche

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Frases de Friedrich Nietzsche
El amor es el estado en el cual, la mayoría de las veces, el hombre ve las cosas como no son.
Si los cónyuges no vivieran juntos abundarían más los buenos matrimonios.
En la venganza, como en el amor, la mujer es más bárbara que el hombre.
El amor prolongado es posible -aun siendo un amor feliz- porque no es fácil poseer a un ser humano hasta el final, conquistarlo hasta el final -siempre se abren fondos nuevos, cuartos traseros del alma nuevos, aún no descubiertos, y también hacia ellos alarga sus manos la infinita ansia posesiva del amor-. Pero el amor finaliza tan pronto como sentimos un ser como limitado.
En el verdadero amor, el alma oculta al cuerpo.
El amor saca a la luz las cualidades sublimes y ocultas del enamorado, lo que hay en él de raro y excepcional. Por eso nos engañamos tan fácilmente respecto a lo que en el enamorado es la regla.
La frase más púdica que he oído jamás: "En el verdadero amor, el alma es la que envuelve al cuerpo".
No amar más que a uno solo es una forma de barbarie, pues va en detrimento de todos los demás. Así el amor de Dios.
La prodigiosa esperanza que las mujeres ponen en el amor carnal, y el pudor de esta esperanza, les hacen estropear todas las perspectivas.
Llegamos a amar nuestro deseo, y no al objeto de este deseo.
Los sexos se engañan mutuamente; esto se debe a que, en el fondo, no se quieren ni se respetan más que a sí mismos (o a su propio ideal, para expresarme en términos más halagüeños). Así, el hombre quiere que la mujer sea dulce; pero la mujer, como la gata, es por naturaleza todo lo contrario de dulce, por hábil que sea en mostrar las apariencias de la dulzura.
Descubrir que somos amados por reciprocidad desengaña al enamorado del ser que ama. "¿Cómo? ¿Que es bastante modesto para amarte? ¿O bastante tonto? ¿O bien, o bien...?".
Las mismas pasiones tienen un ritmo diferente en el hombre y en la mujer; de ahí, sus infinitos malentendidos entre ellos.
El peligro de la felicidad.- " De ahora en adelante todo me sonríe; de ahora en adelante amaré cualquier destino. ¿ Quién tiene deseos de ser mi destino?".
Un alma que se sabe amada y que no ama en cambio, hace traición a su fondo. Los posos suben a la superficie.
Su bajo vientre es lo que impide al hombre considerarse como un dios.
Lo que se hace por amor se hace siempre más allá del bien y del mal.
No pocas veces ya he dicho adiós; conozco las horas desgarradoras de la despedida.
Siempre habíais sido lo más caro a mi corazón, mi posesión y mi obsesión; por eso tuvisteis que morir prematuramente.
Lo que más nos aproxima a una persona es esa despedida, cuando acabamos separándonos, porque el sentimiento y el juicio no quieren ya marchar juntos; y aporreamos con violencia el muro que la naturaleza ha alzado entre ella y nosotros.